domingo, 30 de octubre de 2011

SOLEDAD EXISTENCIAL

Siempre refexiono sobre la soledad, creo que lo hago desde mi adolescencia, cuando tenía 14 a 15 años. Todo comenzó con la muerte de mi bisabuela, abuela Eduviges (de ella llevo mi primer nombre EDU). Me pregunté y cuestioné en aquella ocasión las siguientes preguntas: ¿Porqué mis padres se unieron y salí yo y no otra persona? ¿porqué existo?, ¿para qué estoy en esta Tierra?.

Recuerdo que me sentí bien adentro sola conmigo misma. Lloré y lloré, entre mis almohadas. Lloré un día sola caminando desde la Escuela Superior Gabriela Mistral, en Puerto Nuevo hasta la Urbanización Muñoz Rivera en Guaynabo. Luego para completar como a mis 16 años una amiga, con quien iba a tomar la guagua (autobús) me dijo que su madre no quería que estuviera conmigo pues yo me reía y hablaba muy duro y parecia una "titerita". Más sola me sentí, tuve que lidiar en mi adolescencia con ese sentimiento muchas veces.

Soy lo que soy hoy por las experiencias vividas durante mi niñez, adolescencia, mi juventud y ahora en mi adultez mediana. Tuve y tengo buenas y no tan buenas experiencias. A través de ellas aprendí que aunque estuviera acompañada hay una soledad existencial que me acompaña en mi vida y que tengo que bregar con la misma. Hablo conmigo misma en el auto cuando estoy sola, frente al espejo en el baño. Realizo meditaciones porque aunque estoy acompañada, con mi amada y querida familia, debo verme tal cual soy. Debo aprender a estar conmigo misma, a solas. También en mi dimensión espiritual, a solas con mi Dios, a solas con mi fe. En fin, a solas con mi soledad existencial.

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