Este espacio es para compartir la esperanza de que hay un nuevo amanecer luego de la pérdida de un ser amado. El duelo suele ser un proceso doloroso, pues es la reacción emocional ante la pérdida. El duelo se refleja en la vida del doliente a nivel fisico, psicológico y espiritual. Te tengo noticias, el duelo se puede aliviar y superar, pero conlleva tiempo y trabajo. Hay que elaborar tareas para que al final del camino puedas reinvertir tu energía de forma productiva, sin tener que olvidar a esa persona amada. Cada uno de nosostros tenemos un faro el cual con su luz te alumbrará para que puedas continuar con tu vida, recordando en el corazón, a la persona que se fue de esta vida terrenal.


martes, 5 de febrero de 2013

EL CUADERNO ROJO



El cartero le entregó el telegrama y mientras Roberto le daba las gracias y empezaba a leerlo, no podía evitar que su cara mostrara una expresión de sorpresa más que de dolor. Eran unas palabras breves y precisas:
“Tu padre falleció. Lo sepultaremos mañana a las 18 horas. Mamá”

Roberto se quedó como estaba, de pie y mirando al vacío. No sintió dolor, ni derramó ninguna lágrima, era como si hubiera muerto un extraño. ¿Por qué no sentía nada por la muerte de su padre?

Con un torbellino de pensamientos confusos en su mente, avisó a su esposa y emprendió viaje hacia la casa de sus padres. Mientras viajaba en silencio sus pensamientos pasaban por su mente a toda velocidad.

No tenía deseos de ir al funeral, sólo lo hacía para acompañar a su madre y tratar de aliviar su tristeza.  Ella sabía que padre e hijo no se llevaban bien, desde aquel día de lluvia en que una serie de acusaciones mutuas, obligó a Roberto a irse para no volver nunca más.

Pasaron los años y Roberto vivía cómodamente. Se había casado y formado una familia, pero sólo se acordaba de su madre para su cumpleaños o alguna festividad. A su padre sin embrago lo había borrado de su mente. Desde aquel fatídico día jamás lo vio ni habló con él. Jamás pudo superar el odio que sentía hacia él.

En el velatorio se encontró con pocas personas. En un rincón del salón vio a su madre pálida, débil. Se notaba que había sufrido mucho. Tal vez porque siempre deseó que las cosas terminaran de otra manera. Cuando vio a su hijo, lo abrazó mientras lloraba silenciosamente, fue como si de pronto hubiera perdido toda esperanza.

Después, Roberto vio el cuerpo sereno de su padre. Estaba envuelto por un manto de rosas rojas, como las que al padre le gustaba cultivar. Pero de los ojos de Roberto no cayó una sola lágrima, su corazón herido no se lo permitía. Se quedó con su madre hasta la noche, la besó y le prometió que regresaría con sus hijos y su esposa para que los conociera. Ahora, por fin podría volver a su casa, porque aquella persona que tanto había odiado, ya no estaba en este mundo. Era el fin de la humillación, de las críticas, de los consejos ácidos de un sabelotodo. Por fin podría reinar esa paz que siempre quiso experimentar. En el momento de la despedida la madre le colocó algo pequeño y rectangular en la mano
Hace mucho tiempo podrías haberlo recibido, le dijo. Pero, sólo después de que él murió lo encontré entre sus cosas más importantes.

Roberto no le dio mucha importancia y emprendió el viaje de regreso. Unos minutos después de haber comenzado el viaje, se acordó y quiso averiguar de qué se trataba lo que le había entregado su madre. Después de desenvolverlo con cuidado vio un pequeño cuaderno de tapa roja. Era un libro viejo y sus páginas habían quedado amarillentas por el paso de los años y al abrirlo pudo leer en su primera página algo que había escrito su padre:
“Hoy nació Roberto, pesó casi cuatro kilos. ¡Es mi primer hijo, estoy muy feliz y mi corazón salta de alegría!”

El relato continuó apasionando a Roberto, que con un nudo en la garganta, seguía leyendo:
“Hoy, mi hijo fue por primera vez a la escuela. Es todo un hombrecito. Cuando lo vi con el uniforme, me emocioné tanto que no pude contener las lágrimas. Le pido a Dios que lo guarde y le de sabiduría para ser un hombre de bien.”

La emoción de Roberto iba en aumento y el dolor de su corazón cada vez era más intenso, mientras por su mente comenzaban a resurgir imágenes del pasado.
Roberto me pidió una bicicleta, mi salario no es suficiente, pero él se la merece porque es muy estudioso y dedicado. Así que pedí un préstamo y se la compré. Espero poder pagarlo con las horas extras. La vida de mi hijo será diferente a la mía, yo no pude estudiar. Desde niño me vi obligado a ayudar a mi padre, pero deseo con todo mi corazón que mi hijo no sufra ni padezca situaciones como las que yo viví.”

Roberto no podía creer lo que estaba leyendo, era como si un mar de dolor inundara su conciencia. Vinieron a su mente los recuerdos de su adolescencia, como se quejaba a su padre por no tener bicicleta como sus amigos… y continuó leyendo.
Es muy duro para un padre tener que castigar a su hijo, sé que me odiará por esto, pero es la forma en que creo debo educarlo para su propio bien. Fue así como aprendí a ser un hombre honrado y esa es la única forma en que soy capaz de educarlo.”

Roberto cerró los ojos y recordó la noche cuando por causa de una fiesta en su juventud hubiera podido ir a la cárcel. De hecho todos sus amigos pasaron la noche allí. Sólo lo evitó, el que su padre, precisamente esa noche, no le permitió ir al baile con sus amigos.

También recordó otra oportunidad en la que no le concedió permiso para salir. Esa vez el auto en el que debía haber estado, chocó y quedó totalmente destrozado contra un árbol. Le parecía casi oír las sirenas y el llanto de toda la ciudad mientras sus cuatro amigos eran llevados al cementerio. Las páginas se sucedían con todo tipo de anotaciones, llenas de respuestas que revelaban en silencio, la tristeza de un padre que lo había amado tanto. Por fin llegó a la última página y leyó:
Son las tres de la mañana, ¿Dios, qué hice mal para que mi hijo me odie tanto?¿Por qué soy considerado culpable, si no hice nada de malo, solo intenté educarlo para que fuera un hombre de bien? Mi Dios, no permitas que esta injusticia me atormente para siempre.
Te pido perdón si no he sido el padre que él merecía tener y deseo de todo corazón que me comprenda y me perdone.”

Estas fueron las últimas palabras de un hombre que, aunque nadie le había enseñado, a su manera intentó ser el mejor padre. El mundo quizás podía verle como demasiado duro o intransigente, pero en lo más íntimo de su ser había un hombre tierno y lleno del amor de Dios, que nunca supo cómo expresarlo ni a su propia familia.

La aurora rompía el cielo y un nuevo día comenzaba, Roberto cerró el cuaderno, se bajó en la primera estación y regresó de nuevo hacia donde habían vivido sus padres. Regresó quizás deseoso de que todo hubiera sido un mal sueño, de poder encontrar a su padre con vida y pedirle perdón por todo el mal que le hizo, pero no...

Gritó frente a su tumba, hubiera querido poder abrazarlo, pero solo encontró un profundo silencio.

Destrozado, fue a ver a su madre. Antes de entrar en la casa vio una rosa roja en el jardín; acarició sus pétalos y recordó como su padre las cuidaba con tanto amor. Esta fue la manera de encontrar paz en su corazón, ya que mientras acariciaba esa rosa, sintió como si acariciara las manos de su padre y descargara su dolor para siempre. Calmado ya, con voz suave se dirigió a su padre muerto:
“Si Dios me mandara a elegir, no quisiera tener otro padre que no fueras tú. Gracias por tanto amor y perdóname por haber sido tan ciego.”

Esta lección le hizo reflexionar, ya que él también era padre y se dio cuenta de que no estaba dando lo mejor de sí, ya que las ocupaciones, los problemas y el stress, habían creado un silencio entre él y sus hijos. A partir de ahora, decidió que su vida cambiaría radicalmente y que se compraría un cuaderno de tapa roja para poder anotar cada una de las historias que a partir de ese momento sucedieran en su familia.

“La adolescencia y la juventud son los únicos problemas que sólo se solucionan con el tiempo.”


Lectura tomada de Internet:



Imagen Tomada de Internet:
 http://santamariadebaionadiocesistuy-vigo.blogspot.com/2012/05/el-cuaderno-rojo.html

EL PUENTE



Dicen que una imagen vale más que cien palabras, y queda demostrado en la cita de hoy, en la cual se hace la semejanza de un puente con nuestra vida. Ella al igual que el puente, nos lleva hacia alguna parte y su recorrido cambia completamente según sean las circunstancias.

Si el sol alumbra, no habrá problema al pasar por él, porque podremos reconocer cualquier obstáculo que haya. Si es de noche y está iluminado, no será mucha la diferencia, pero si nos toca recorrer el mismo puente, en las noches oscuras y de niebla deberemos hacer un esfuerzo mayor para cruzarlo sin que se apodere de nosotros el miedo que paraliza la mente y el cuerpo.

El puente está a la vista, pero mientras no lo crucemos, no podemos saber que hay al otro extremo, sólo nosotros podemos descubrirlo, no basta saber lo que otros nos puedan contar sobre el trayecto a seguir, porque el único que puede tener la experiencia de cruzarlo es uno mismo.

La vida se nos regala con un largo o corto puente, para que lo recorramos en un tiempo determinado. Comienza con nuestro nacimiento y termina con nuestra muerte física, ninguno ni el más sabio, rico, poderoso e inteligente de los hombres, puede estar seguro del tiempo que durará la travesía, porque nadie tiene la vida comprada.

Nos aferramos a la vida con una pasión desmedida, nos atiborramos de bienes materiales y nos apegamos como lapa a nuestros sentimientos, como si ellos pudiesen ser eternos.

Nadie piensa en lo que hay al otro extremo del puente, porque por todos los medios se nos ha enseñado a no pensar en la Muerte, y por desconocimiento le tenemos miedo, ignorando que es gracias a ella que el hombre puede alcanzar la sobrevivencia eterna, porque "cuando el hombre muere, el espíritu comienza a alzar su largo vuelo en el gran viaje de regreso al hogar."


No debemos tener miedo de esta cercana y a la vez desconocida amiga que es la muerte, porque ella es la otra cara de la vida, por tanto mientras más sereno y pleno sea nuestro caminar por el puente de la vida, más confiados debemos entregarnos a la muerte.

Pero mientras llega el tiempo designado desde el día que nacimos, debemos vivir intensamente y con mucha conciencia, para tener mucho que llevarnos, porque recordemos que nuestro Ajustador recordará sólo las experiencias que han tenido significado para nosotros. "Mucho de nuestra vida y sus recuerdos que no han tenido significado espiritual ni valor moral, perecerán en nuestro cerebro material. Mucho de la experiencia material desaparecerá como andamios que habiendo ayudado a pasar a otro nivel, ya no tienen propósito en el universo."

Debemos tener nuestro puente en buen estado y lo mejor iluminado posible, porque si la Luz de la Verdad lo alumbra nos será mucho más fácil el transitar por él sin miedo, pero a sabiendas que no podemos fijar en él nuestra morada, porque en el otro extremo nos aguarda Dios.

Pasa por este puente de la vida de tal manera que te recuerden por tu paso en ...



http://www.facebook.com/pages/LIC-MARCELA-BARGIELA-HASSAY-PARAPSICOLOGA-VIDENCIA-PSICOLOGIA-TERALTERNA/96804776875

Imagen del puente tomado de Internet:
http://www.ojodigital.com/foro/el-otono-21-de-octubre-al-20-de-noviembre-2010/344601-el-puente.html

miércoles, 30 de enero de 2013

Una luz que se apaga

Durante el duelo anticipado las personas experimentan las manifestaciones del duelo antes de que la persona fallezca. La persona se va llendo poco a poco y así mismo van ocurriendo las reacciones: llanto, tristeza, pena, no poder conciliar el sueño o viceversa dormir demasiado, tener a la persona en la mente todo el tiempo, en fin el sufrimiento de ver que una luz se apaga. Esa es la expereincia que vive mi familia, con mi padre.

Nuestro padre lleva 4 meses en el hogar de cuido, la experiencia ha sido satisfactoria para nosotros. Sin embargo, ha pasado momentos dificiles, de los cuales ha salido como el moriviví, (así se expresa la enfermera del hospicio que lo atiende) pero pierde un poquito de su luz de vida con cada gravedad.

Pero ahora lo vemos irse, papi se está apagándo. Tiene pérdida de su flexibilidad, el movimiento de sus manos, el abrir los ojos, el llamar a su Clarita (mi madre y esposa por 64 años de matrimonio), el reconocer a las personas y llamarnos por nuestro nombre a sus hijos, que le amamos con amor eterno.  Ahora está mas tiempo encamado, tiende a estar dormido y aletargado. Está delgado, pero aun come muy bien son sus ojitos cerrados.

El domingo, pasado cantó La tierruca, y otras canciones del ayer con sus hermanos, pero no abría sus ojos hasta que mi hermano menor, lo levantó de la cama y lo sentó en la silla de ruedas (como si fuera un niño, lo cargó en sus brazos a su padre, a veces los papeles en estos momentos se invierten). Todos cantamos mientras otros lloraron al verlo así (eso es duelo anticipado). No reconoció a sus hermanos, no importa,  nosotros le dijimos quiénes eran.

Agradecemos los cuidados que le profesan sus cuidadoras (valga la redudancia) en el hogar de cuido. También a los profesionales de la salud del hospicio que le oferecen los cuidados paliativos, para darle calidad de vida, mientras está en este plano terrenal. Esperamos estar ahí con él, cuando se apague finalmente su luz hermosa. Sí, cuando Jesús, llame a Rubén V. Sáez Fontanes a sus mansiones celestiales y se una al coro celestial a cantar Cuán Grande es El. Esa es nuestra esperanza y fe cristiana. ¡AMEN!

  Foto Tomada de Internet: http://raceart.blogspot.com/2010_04_01_archive.html

sábado, 26 de enero de 2013

El esperado certificado

Les comparto este enlace que ofrece la información sobre la 
Certificado sobre Tanatología Holística: 
alivio en la pérdida y el duelo.
La estaré ofreciendo iniciando el 2 de marzo 2013 
60 horas en 10 sabados (coteja el calendario y costos)
Columbia Centro Universitario en Caguas, Puerto Rico


martes, 22 de enero de 2013

EL TREN DE LA VIDA



La vida se asemeja a un viaje en tren. Con sus estaciones y cambios de vía, algunos accidentes, sorpresas agradables en algunos casos, y profundas tristezas en otros…

Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con nuestros padres, creemos que siempre viajarán a nuestro lado… Pero en alguna estación ellos se bajarán dejándonos seguir el viaje, de pronto nos encontraremos sin su compañía y su amor irreemplazable...

No obstante, muchas otras personas que nos serán muy especiales y significativas, se irán subiendo al tren de nuestra vida... Nuestros hermanos, amigos y en algún momento, el amor de nuestra vida...

Algunos tomarán el tren, para realizar un simple paseo… Otros durante su viaje pasarán por momentos de oscuridad y tristeza… Y siempre encontraremos quienes estén dispuestos ayudar a los más necesitados…

Muchos al bajar, dejan un vacío permanente… otros pasan tan desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon sus asientos...

Es curioso ver como algunos pasajeros, aún los seres queridos, se acomodan en coches distintos al nuestro… Durante todo el trayecto están separados, sin que exista ninguna comunicación…

Pero en realidad, nada nos impide que nos acerquemos a ellos si existe buena voluntad de nuestra parte… De lo contrario, puede ser tarde y encontraremos a otra persona en su lugar…

El viaje continúa, lleno de desafíos, sueños, fantasías, alegrías, tristezas, esperas y despedidas...

Tratemos de tener una buena relación con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo mejor que tengan para ofrecer. En algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos… pero recordemos que nosotros también, muchas veces, titubeamos y necesitamos a alguien que nos comprenda.
El gran misterio para todos, es que no sabremos jamás en qué estación nos toca bajar. Como tampoco dónde bajarán nuestros compañeros de viaje, ni siquiera el que está sentado a nuestro lado.

A veces pienso en el momento en el que me toque bajar del tren. ¿Sentiré nostalgia, temor, alegría, angustia...? Separarme de los amigos que hice en el viaje, será doloroso y dejar que mis hijos sigan solos, será muy triste. Pero me aferro a la esperanza de que en algún momento, tendré la gran emoción de verlos llegar a la estación principal con un equipaje que no tenían cuando iniciaron su viaje.

Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré para que ellos crecieran y permanecieran en este tren hasta la estación final.

Amigos…hagamos que nuestro viaje en este tren tenga significado, que haya valido la pena.

“Vivamos de manera que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje lindos recuerdos a los que continúan viajando en el Tren de la Vida”

¡FELIZ VIAJE!

Referencia: Recuperado de Internet- Facebook 2013

http://www.facebook.com/pages/LIC-MARCELA-BARGIELA-HASSAY-PARAPSICOLOGA-VIDENCIA-PSICOLOGIA-TERALTERNA/96804776875?ref=stream